No creas que sólo porque estés con alguien más no me perteneces. Sí, he de admitir que te escurres por entre mis dedos cuando en realidad estás en otras manos. Me cubro los ojos para no verte ni a ti ni a esas manos con la que vas “tan feliz” y lo único que realza entre tan sofocadora oscuridad es la pregunta, la idea, la razón, el por qué no estoy contigo.
Eres mí único y el único hogar que conozco, pero no sé cómo, por arte de magia, logro pensar menos en ti. Mantengo mi cabeza entre las nubes, y no es tan trágico si me impido verte mover cañones allí abajo. Borrando y escondiendo tus palabras, logro evitarte hasta el punto de hacerte inexistente. En universo paralelo, soy yo a quien tú no puede resistir. Trato tan desesperadamente de mantener mi cabeza en las nubes.
Y por si alguna vez lo dudaste, el reflejo que produce mi abatido ser sí me protege. Me mantiene a salvo de la desgracia que tú pareces propiciar en casi todos. Pero cuando tu persona se sienta lista y frene su definitivo destruir, hazla salir a la luz, pues el reflejo que evita mostrar la verdad de mis ojos no existe en la luz. Recuerda: la dirección por la que camino es sólo una distracción.
¿Cuándo volverán a ver los que nos rodean dos corazones con tan acertadas devociones, pero sin siquiera un tantito de sentimientos o emociones? Y ve, ahí están mis esperanzas, para que las tomes cuando desees hacerlo.
Recuerda que podemos romper el patrón, cambiar de color, e incluso hacernos sordos a las voces. Ven entonces si estás de acuerdo, combatamos en la guerra que ha sido proclamada por nosotros sólo para hacer las paces. Provoquemos frío en nuestros cuerpos para poder calentarlos el uno al otro. Seamos sólo tú y yo y nada más.
Así, casi neurótico, espero que me entiendas. Sabes que el tiempo es la guía del amor.
Sabes que yo confío en ello.
Nacho G.